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Blog/Diario sobre reflexiones de arquitectura y diseño.
Diary of reflections about architecture and design.

URBANIKA is an architecture and interior design office from México.
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Urbánika pagina web ¡2012! 

Urbánika. Polet III. 

Sobre Chihuahua: principales zonas subutilizadas de la ciudad. 

Sobre ChihuahuaBordes, 2010. 

URBANIKA serie : dialogos  

1. Silla Natalia, con Inet Simental, actriz. 

Una colaboración con Inet, con el punto de partida de que los objetos desaparecen con el uso. La disyuntiva de quién hace a la silla ¿la forma o el uso? ¿Necesitamos hoy en dia más sillas? ¿Quién le da personalidad? 

La silla Natalia nace como respuesta a las inquietudes espaciales de nuestros clientes en proyectos de vivienda. Busca ser una silla que se adapta a un espacio diáfano (generalmente de un programa de sala-comedor-cocina) sin ser un bloque o masa divisoria. De materiales de la región (madera de pino), de bajo consumo de material/desperdicio y de largo ciclo de vida.

Es el primer proyecto de la serie diálogos, con motivo de los 5 años de Urbánika. Se presentarán 4 intervenciones más, una cada mes subsecuente. 

Legorreta. La entrevista que me otorgó en 2006. QEPD

Entrevista con el arquitecto Ricardo Legorreta. 

por Federico Campos Rubio en 2006.

¿Qué viene a su mente al pensar sobre el Camino Real de la ciudad de México?

Es una obra hecha por un equipo. A mi me dieron el proyecto, lo presenté y dije “yo lo hago si controlo todo, si hago los interiores”, me dijeron estas loco. Tenía yo 36 años. “No te van a dejar Dije “entonces no lo hago”. Te estas jugando tu carrera… “¡Pues por eso precisamente!

Total, me dijeron: haz un cuarto muestra. Hicimos el cuarto muestra, había un equipo increíble que es lo que muy poca gente sabe. Había un decorador francés que fue de los iniciadores de restauraciones muy simples, había restaurado un castillo con Knoll. Me dijo: nos vemos en Nueva York. 


¿Ese viaje se lo había pagado el Camino Real o lo realizó por su cuenta?

No me habían dado la chamba. El gerente de proyecto de interiores era gente de diseño de Knoll en Nueva York. Una mujer alemana hizo todos los textiles. Knoll México estaba empezando. Esa labor de equipo en esa época era única, y todavía lo es. Para mi es lo que hay que resaltar.


¿Qué papel jugaron Mathias Goeritz y Luis barragán en el Camino Real?

Mathias me ayudo a seleccionar los artistas. Fuimos a ver a Annie Albers, la esposa de Josef Albers. Fue consultor para la selección. Y Luis Barragán fue consultor de jardines.

¿Cómo lo ve ahora a la distancia? Se hizo en el 68, la época…

Es interesante porque otra vez tiene que ver con la imagen externa. Yo creo que viene de que no tenemos forma de juzgar la arquitectura bien, más que visitándola. Cuando tú empiezas a ver fotografías de arquitectura… La buena arquitectura en fotos sale muy mal, por lo menos los interiores. Para mi uno, si no el, edificio más bello del mundo es la Alhambra. He ido unas diez, doce veces y me gusta mucho la fotografía, no soy tan malo y cuando saco las fotos las recorto, las edito, no son tan buenas. Entonces, el Camino Real se inició como una especie de protesta contra una cultura equivocada de que los hoteles son falsos, que visten al pobre cuate de charro y dicen que es un hotel mexicano. No representan la cultura. Camino Real tuvo esa filosofía muy buena. Estaban decididos de hacer una cadena de hoteles mexicanos. Fue la oportunidad de hacer una cosa especial.

¿Cómo lo veo ahora? Sinceramente lo veo muy bien. Sin embargo, creo que hemos evolucionado. Una de las críticas que nos hacen ahora, que yo no la encuentro válida, pero superficialmente si te guías por las fotos es valida, es que Legorreta sigue haciendo lo mismo del Camino Real. Yo veo una evolución enorme.

Lo veo desde luego con mucho cariño. Como arquitectura yo creo que es un concepto de espacio bueno, es decir, a mi me marcó mucho el camino de que el espacio es lo más importante, no los materiales, no el lujo. El espacio y la luz. Lo veo bien. Lo hemos logrado defender lo más posible. La teoría hotelera, yo no estoy de acuerdo para nada  pero que es en todo el mundo, es que tienes que estar al día… Ser un hotel del siglo XXI, que tiene que ser un hotel boutique… Quien empezó eso fue Starck. Te meten en un cuarto de 3x2, te sale lo snob y te despiertas diciendo: que bruto, que elegante soy. Siempre están a la moda, que es uno de los problemas de la arquitectura contemporánea.

Al Camino Real lo veo bien y me da mucho gusto el haber podido colaborar con algo. Por haber formado parte de un equipo, porque ahí el principal líder fue el dueño. Mira, se inauguró para los juegos olímpicos, era casi la única obra de iniciativa privada. Estaba todo mundo incluyendo a todos los arquitectos; se abrió y empiezan críticas locales, muy fuertes. Y además, después de una olimpiada, el lugar baja de interés, baja el turismo. Entonces, el hotel no arrancaba. Los dueños empezaron a decir: el proyecto está muy mal, esta cosa no tiene decoración, es una mugre. Salio en el periódico un articulo que dice “El Seguro Social esta haciendo estudios para convertir el Camino Real en hospital”. A ese grado. Tuvieron una junta de consejo y vino el presidente de hoteles Westin y dijo: señores, nosotros discutimos mucho el tema que propuso Ricardo, íbamos hacer una especie de Rockefeller Center, rascacielos; nos conveció de ocupar todo el terreno que nos costó muchísimo. Francamente creímos en el. Y yo creo que hay que apoyarlo y no por una crisis pasajera… Denme un año. Ahorita no lo toquen y déjenme operarlo.

Y entonces vino la otra cosa. Llego el New York Times y lo publicaron, los extranjeros empezaron a decir que bruto, que obra. Y se salvó. Me apoyaron. Entonces, eso de que el Camino Real es de Legorreta, es muy relativo. Digo, estoy de acuerdo, obviamente me cumple la vanidad humana de decir, sí, yo lo hice. El otro recuerdo que tengo muy grande es que me jugué la vida profesional y he llegado a la conclusión de que si no te juegas la vida con pasión, no sales. Lo más importante en la arquitectura es la pasión.

 

Usted trabajo con José Villagrán y después fueron socios. ¿Qué le dejo esa experiencia?

Fue una experiencia maravillosa. Villagrán era muy tieso. Mi padre era muy tieso. Mi padre era banquero, entonces era cuadriculado. Yo fui la última generación que estudió en el centro. Una de las cosas padrísimas de eso era que te paseabas por la ciudad. Un día caminando vi un edificio, me llamo la atención lo bien que estaba pensado, todos los detalles. Todavía no tenía criterio suficiente para juzgar el concepto arquitectónico, estaba yo en tercer semestre. Era un edificio que se llamaba Condesa, estaba en la calle 5 de Mayo. Ese y luego el estacionamiento de Gante, que es buenísimo. Después de ver eso fui a su despacho, que lo tenía en el centro. Llegué y me metí de dibujante. El conocía a mi papa. Se enteró de que yo era Legorreta seis meses después de que estaba yo dibujando. Me dijo que si por qué no le había dicho y por eso mismo, por que yo quería triunfar por mi.

Y era un aprender… Te apretaba las tuercas. Vaya, ya cuando te decía que una cosa estaba bien era por que ya plano no le quedaba otro remedio. Era puntual. Tenía una ética de disciplina. Cosa que ya no se educa. Desde luego la filosofía en la arquitectura. La ética profesional, el concepto de orden, de ser honesto, de todo. Era sensacional. El saber construir.

Alguna vez fui a una obra con el y dijo: Óigame, este muro de tabique esta fatal. El maestro le contesta la clásica: nooo, es que el tabique en otros tiempos era muy bueno, ya no.

Le llamó al residente del contratista y le dice lo mismo. Villagrán se quita el saco, la corbata. Se remanga. Le pide la cuchara y se avienta tres metros cuadrados de muro perfectos. Me agarra del brazo y me dice: antes que nada somos constructores.

¡Esa es la esencia de la arquitectura! 

Y así me fue dando una serie de lecciones de ética, de honradez. No aceptaba un centavo, una cosa chueca. No le importaba ganar o perder dinero. Entonces a mi me pico la cresta. Me dije, yo lo conquisto. Sin darme cuenta en verdad me estaba educando, extraordinariamente. Entonces a el le gusto que yo fuera un matado. Me fue subiendo, entre de dibujante, pase a jefe de taller y acabamos asociados.

Yo siempre había tenido la ilusión, el convencimiento de trabajar en equipo. Le dije: oiga maestro, por que no hacemos un grupo de jóvenes, usted se vuelve el gran guru y nos dirige. Me dice: Si, perfecto, yo me voy a Europa, arranquese…

Arranqué, rente un despacho. Y de repente me manda un telegrama y me dice: entiendo que mi sobrino no puede participar…Contesté: no puede por que no quiere, me dijo su sobrino que aceptaba la autoridad de usted, pero no la mía. Me dice: No pues entonces no. Me da mucha tristeza que usted se vaya…

Total que yo me decepcioné. Íbamos a comenzar una chamba, la primera con unos estadounidenses. Él me dijo que yo me quedara con ese proyecto porque yo los había atendido y además hablaba ingles. Agárrela para que arranque bien…¡Vaya amigo!

Me educó como no tienes idea. Yo ya no lo aguantaba. Todavía después mantuve con el una relación muy cercana. Me regañaba. Me dijo: pues mire usted, están muy bien sus obras, pero yo creo que usted tiene un concepto de despilfarro. Los espacios que usted está haciendo no corresponden a este país.

-¡Pues como no maestro! Precisamente en mi defensa. A mi me han influenciado las pirámides, los conjuntos precolombinos, la arquitectura colonial…

-Si, pero eran otros tiempos. Usted esta desperdiciando mucho espacio.

¡Fíjate que tipo!… Y le digo: Pero bueno maestro, hay un espacio espiritual, emocional…

Y después de los años, todavía no dejo de pensar cuando veo el estacionamiento de Gante, cuando veo los mercados que hizo, están pintarrajeándos, cubiertos, se ven horribles… ¡pero ahí están!

Me educó increíblemente bien. Y claro, al salirme fue cuando tuve la oportunidad de conocer a Barragán, que era el opuesto.

A Barragán se le ha hecho una imagen equivocadísima. Una imagen de que era un monje; que tenía una filosofía de la arquitectura… Mira, era un tipo sensacional con un sentido de la estética y calidad de vida fuera de serie. Pero un bon vivant, le valía gorro; era el opuesto de Villagrán. Por ahí hay una carta de Villagrán en la que habla de Barragán, diciendo que es una mente fuera de serie, pero que eso no es arquitectura.

Saliéndome de con Villagrán, cuando iba hacer el proyecto que me dejó, ese día sentí un dolor de estomago. Yo tenía una salud a prueba de bomba. Me tome un Alka-Seltzer. En siete horas no podía yo caminar. Me dio una enfermedad llamada pancreatitis hemorrágica de la cual 99% se mueren. Sobreviví a la enfermedad y los clientes me esperan, dijeron que se habían tardado mucho en escoger al arquitecto. Me tardé tres meses en poder más o menos caminar. Y esas cosas tan críticas me cambiaron el punto de vista de la vida completamente.

Me di cuenta primero de la soberbia que tenia de una cosa de cual no tenia ningún mérito, que era la salud física. Te puedes quedar sin caminar al subir al coche.

Después valoré todo lo que me educó Villagrán. Por parte de Luis valoré la frescura y la cosa de no tomarme tan en serio como lo hacemos los arquitectos. Valoré México. Yo dije: vamos hacer arquitectura para este país. A lo mejor no estas de acuerdo. A lo mejor no esta de acuerdo Villagrán y Luis tampoco

¿Conoció usted a Barragán por medio de Mathias Goeritz?

No, no. A Luis lo conocí por mi Mamá. Porque a Luis le encantaba la belleza y un día mi mamá me dijo: ¿Oye, no quieres ir a conocer a Luis Barragán?…

Mira la época: ¿Y quien es Luis Barragán?… No, pues es un cuate que hace una arquitectura muy sencilla, es muy criticado por los arquitectos pero ven para que la veas…

Fui y así lo conocí. Entre a su casa y dije ¡queee bruto! ¿Es el que critican los arquitectos? ¡Hay que renegar de ser arquitecto!

A Mathias lo conocí directamente en la Universidad. Es más, fíjate qué chistoso. Lo invité a hacer los conos de Automex, los propuso él. El día de la Inauguración de Automex,  estaban el presidente y otra gente; llega Mathias y me dice: oye, te vengo a presentar a Luis Barragán, lo traje para que viera tu arquitectura, lo que estás haciendo. Le dije que ya lo conocía por mi mamá. Dijo: Sí, como no…

Al día siguiente le hablé. Luis, ¿qué te pareció la fabrica?… Dijo: en la arquitectura vas muy bien, tus jardines son una porquería total, son malísimos. De ahí vino la conciencia y una relación.

Hablemos de integración plástica. Usted ha sido un impulsor de esta corriente, con trabajos con Mathias Goeritz, Vicente Rojo, muchos más. ¿Creía para que para hacer una arquitectura mexicana tenía que incorporar a los artistas?

No, no fue esa la razón. Siempre, desde muy chico, me parecía equivocado que el arte fuera para una élite y que tenías que ser “muy culto” para entenderlo. Me molestaba mucho la falta de estética de muchas cosas, cosa que admiraba yo mucho de los pueblos de México. A esa gente la estética es más importante que cualquier cosa. Cuando ves que abren una ventana porque ahí se ve bien… ¡Luego vas con un rico y no tiene ni idea! Va a comprar arte como si fuera al mandado.

Y a través de visitar mucho porque mi padre me paseo por todo México. Walter Gropius, aquel famoso educador que lo conocí en México, me aconsejo viajar. Me dijo: lo único malo es que es muy caro. Le pregunte que si a donde recomendaba viajar y dijo: a donde sea.

Poco a poco me fui convenciendo que las grandes obras estaban integradas al espacio. Realmente era muy decepcionante, digo estoy tomando una postura radical que no es posible, que las mejores estuvieran colgadas en los museos. Las obras que más me habían impresionado eran las hechas para un lugar.

Entonces empecé a pensar eso. Yo tengo que empezar a buscar a los artistas, colaborar con los artistas desde el principio. Esa cosa de seleccionar a los artistas con Mathias, haber hecho los conos con él, me dio entusiasmo de seguir con eso hasta la fecha. Ha sido un resultado, no tienes idea que cosa tan enriquecedora. Te hablo del enriquecimiento de Mathias y de Luis y de Villagrán. Éste ha sido tan importante como aquel.

De todos he aprendido y he aprendido arquitectura. Por ejemplo, el actual, estoy haciendo varias cosas con él y cada vez que lo veo salgo con un complejo de inferioridad. Es Francisco Toledo. Increíble. Empecé primero platicando, viendo hasta que un día le dije: vamos a hacer un patio. A Francisco y a Rodolfo Morales. Yo hago los muros, tu francisco haces lo que quieras adentro y tú Rodolfo pintas lo que quieras.

Nos juntamos. Era una casa. Llevé una maqueta y Rodolfo me dice: ¿sabes qué? Esto es para Francisco, yo no tengo cabida. Háganlo ustedes, ya somos muchos… ¡Fíjate que calidad!… Francisco me dice: bueno, solamente no me pidas, me vayas a decir que haga una piel de cerámica... Y le dije: yo no pido nada, haz lo que quieras.

Como un mes después me habla: oye tu maqueta era dificilísima, no le entendía yo nada, los tamaños; entonces ya hice el patio…

¿Cómo que ya hiciste el patio?.. Si, ya lo hice, aquí está en el patio de mi casa, trae a tu cliente para verlo.

 ¡Y se hizo un patio! con unos muros de piedra vieja de Oaxaca, combinación de una tierra roja con una tierra verde y una planta que se llama cantililla.

 Luego le dije que si no me hacía para el pabellón de Hannover, donde estábamos representando los microclimas de México, el desierto.

¡Me llegó con una propuesta bellísima que es una abstracción, un chorrito de agua que sale teñida con cochinilla… la falta de agua que casi es sangre!

Cada vez que lo veo… Ahora compró una fábrica del siglo XIX, está como a 15 minutos de Oaxaca y ha hecho una escuela de arte. A un edificio francés le ha hecho dos plataformas de agua que caen… uno dice: ¡qué es eso! ¡No es posible!… también volvió a teñir el agua, un concepto de arquitectura…

Y todos, Alejandro Colunga con sus locuras, Vicente Rojo con su disciplina. He encontrado que no solo mejoran mis espacios, sino que me educan. Aprendo cada vez que hago algo con un artista; son tan diferentes a un arquitecto.

Tienen una libertad en cuanto a la arquitectura.

¡Total! Nos llevan esa gran ventaja. Les vale gorro. Ahí anda uno con el programa, el presupuesto.

La crítica de los demás arquitectos…

Que el qué dirán, le gustará al cliente porque estamos al servicio del cliente… A ellos les vale gorro, por eso llegan a cosas, que yo los pongo de ejemplo. Tienen una enorme profundidad en lo que hacen. Nosotros bajo el pretexto del presupuesto, del programa, de que me lo cambió el cliente, de que el cliente tenía muy mal gusto… son pretextos. Yo sé cuando hice una cosa bien y cuando hice una cosa mal.

Es algo que uno no se puede quitar, dejar atrás.

No lo reconoces, pero hay cosas que uno dice: ahí la regué. Ahí debí de haber sido más firme o no lo estudie suficiente…

Esa esquina no la pensé…

No la saqué bien. Por eso es una cosa maravillosa trabajar con artistas. Que tienen algo de primadonnas; igual lo tenemos nosotros.

En el caso de Vicente Rojo, él que es tan estricto, ¿implica que usted tenga que cambiar un espacio? ¿Por las retículas que Rojo maneja? ¿Cómo fue el proceso en el Cconjunto Juárez?

Si. Ahí fue muy bonito también. Nos encargaron el proyecto, entonces yo diseñe la fuente. Hablo de nosotros por que hace diez años que tengo la bendición, la oportunidad de trabajar con mi hijo Victor. Tener la misma profesión, te puedes llevar o no identificarte. Poder trabajar juntos es una bendición, pura suerte.

Total, proyectamos la fuente. Vicente ya había hecho con nosotros el piso para una fuente de una casa, chiquita, como de 4x4. Le hablo y le digo: hay una fuente grande y quiero que hagas el piso. Si, como no.

Vino y dijo: Sabes que estuve pensando, es tan grande que solo de arriba vas a ver el diseño del piso y abajo no vas a entender nada. Así que el piso debe tener textura. ¿Por qué no ponemos las pirámides?

Dije: ¿Qué te parece si le ponemos un jet de agua entre ellas?

¿Y qué te parece si las ponemos rojas?… ¡Huy pues eso está rebonito!

Total así salio. El trazo estaba ya. Después tuvo un detalle fenomenal. Le pregunto: ¿Y cuanto vas a cobrar? Es una chamba de gobierno y acá no hay juego de presupuesto, tengo que decirles cuanto. Y me dijo: Yo a un país que me ha recibido como me ha recibido México, no le cobro. No cobró ni un centavo.

Ahora, ¿quién hizo la fuente? Por ahí dicen que la hizo Vicente. A mi me da igual. La hicimos entre los dos… ¿Qué es lo que cuenta? La forma de la fuente o la idea de las pirámides o que fuera roja… La fuente la hicimos nosotros, pero pregúntame quién la hizo… ¿Es mía o es de Víctor?

No sé… Tiene que llegar un momento en digas: no me importa.

Ahora, llegan los créditos y es donde vienen los problemas y yo por eso intento darles crédito a todos.

De todas sus obras, ¿podría decir que tiene una favorita? Sé que sería como tener un hijo favorito…

Es imposible. Hay obras que tienen circunstancias con tu vida, especiales. El Camino Real, empecé proyectado acabando saliendo de una enfermedad que casi me muero. Eso trae recuerdos. Pero hay otras también, como la Catedral de Managua. Es un recuerdo imborrable. Lo que puede hacer la fé. Lo que puede hacer un pueblo que estaba fatal económicamente. Un señor loco por ahí, que dijo que el ponía 10 dólares por cada dólar que pusieran estos cuates. E hicieron una subasta de relojes y joyas. Juntaron 300,000 dólares. E hicimos la catedral.

Es una de las cosas que impactan. Por eso no es que tenga yo consentidas. Hay obras que por las circunstancias salen un poco mejores que otras. Todas tienen errores. Todas tienen cualidades. Y el chiste es que vayas tratando de mejorar cada obra que hagas. Y lo que vale es el esfuerzo que le pongas.

Acabamos de hacer una casa en Hawái de un financiero que es un perfeccionista fuera de serie. Y la casa esta hecha como yo nunca pensé que se pudiera llegar con calidad de construcción. Tiene la precisión de las maquetas. ¡El cliente estába fascinado! Y nos invitó un fin de semana a Hawái para seleccionar el color. Te puede gustar o no la arquitectura, ¡pero la calidad de construcción!

Entonces es muy difícil porque cada una tiene algo. El Camino Real de Ixtapa tiene esa como forma de descanso. Me encanta. Lo quiero mucho por eso. Carlos Fuentes me dijo: oye, es uno de los lugares donde mejor escribo. Contestar esa pregunta es muy difícil.

Quisiera hablar sobre las viviendas que hizo en Madrid. ¿Es un truco publicitario al seleccionar arquitectos como usted, MVRDV, Chipperfield, para poner a Madrid en el panorama arquitectónico internacional?

A lo mejor, pero la intención es buena. Están matando dos pájaros de un tiro. La intención de fondo es del ex-director de vivienda de Madrid. Ese cuate está convencido de que se puede hacer buena vivienda. Ahí comenzó. Una de las formas es darles el reto a arquitectos conocidos, de prestigio. Hace muchos años hice un conjunto que se llama El Rosario, ahí por Tlálpan. Hice el plan maestro e invité a varios arquitectos a hacer las viviendas. Augusto Álvarez. Vicente Rojo dió los colores. Es un proyecto poco conocido. Fui hace unos cuatro años. Se hizo hace unos 20 y esta mucho mejor de lo que yo esperaba.

El proyecto de Madrid vino de una entrevista en Estados Unidos cuando me dieron la medalla de Oro del American Institute of Architects. Entonces me dijeron, usted ha hecho tanta obra, que le gustaría hacer: Yo, vivienda pública. No me habló nadie de Estados Unidos, no me habló nadie de México. Y un día este cuate: Oiga, tuve la oportunidad de ver la entrevista. ¿Es en serio?… Le dije que sí, absolutamente. Estaba haciendo el Hotel en Bilbao, paré y fuimos a comer. Me enseñó el reglamento. Son mucho más estrictos que aquí. Éste es el terreno, el desplante del edificio, ésta es la altura. Le dije: venir desde México a decir un color o si las puertas son de madera, no vale la pena. Yo le hago una invitación: vamos a romper todas sus reglas. Déjeme hacer un proyecto. Dígale a su gente que me apoye, rompa la burocracia. Si sale algo bueno, si cumplimos en costo lo hacemos. Si no, me regreso a México… Salió y lo construimos.

Ahora es una mis pasiones. Ya estamos haciendo en el Estado de México en la colonia Guerrero y vamos hacer en Aguascalientes vivienda de interés social. Sí se puede hacer. Definitivamente. Mira, lo que pasa son varias cosas. Lo usamos de pretexto los arquitectos: es pura política, está en manos de los promotores, qué se puede hacer con 40 metros cuadrados… Pero te metes y empiezas a lograr cosas. En este proyecto es un promotor de vivienda que estuvo en GEO y está decidido. Ya logramos que se pudiera hacer con un tanque elevado. Ya eliminamos los tinacos. Primera cosa. Parece una tontería ¡pero es un logro!… Ya logramos que no tengas que estacionar el coche enfrente de cada vivienda. Aunque camines a tu vivienda, pero ya tienes una especie de jardín.

Es romper con el paradigma, pero a la vez es lo que se les oferta y aún así se vende.

Es cierto, las venden. Y con esto, estoy emocionadísimo. Las posibilidades que tiene. Y además, es el principal problema de la humanidad. Y los únicos que sí están haciendo buena vivienda importante, que yo sepa, es en la India. Ahí estamos buscando los arquitectos otras cosas. ¿Y la vivienda? No, que horribles conjuntos, Infonavit, en Estados Unidos, en Europa, en todos lados. Es un problema y deberíamos estar concentrados en eso.

Tu vete a los pueblos de Puebla o Estado de México y son vivienda de interés social. De adobe, vigas, ladrillo y la teja. Lo que pasa es que la gente en los pueblos tiene una sensibilidad bruta. Cuando están haciendo su casa le abren una ventana a donde pega el sol a la hora que desayunan, cosas así. Con esto hay que ser partícipes.

La vivienda de interés social es su proyecto de momento.

Eso y aprovechamos la suerte y oportunidad de hacer chambas fuera. El intercambio cultural es maravilloso. Aprendes tanto. Es sensacional. Tiene un inconveniente. Viajar es cada vez más pesado. Suena muy glamuroso, me voy mañana a no sé donde. Todos me dicen que vida te das y es una matada. Pero el intercambio cultural es fenomenal.

Usted ha realizado proyectos muy grandes y con empresas privadas o viviendas para particulares de un nivel socioeconómico muy alto. Al hacer vivienda de interés social ¿Cómo influye en sus honorarios?

Me pasó en España. Cobramos menos. Creo que es una obligación social. Es una obligación de todos, sobre todo en países como México con las diferencias económicas que existen. Nosotros platicamos aquí muy a gusto y que sepamos que a menos de un kilómetro de aquí hay alguien que se está muriendo de hambre… La forma es dar y no verlo como caridad sino como obligación social. Si estás ganando en otros proyectos y si estás ganando en dólares, cobra menos en estos proyectos y así lo estamos haciendo. Por convencimiento y convicción.

Hablemos del hoy. ¿Cómo ve su arquitectura en el panorama contemporáneo?

Se ve con dos ojos. Uno con los ojos del movimiento que podemos llamarlo de moda o puedes llamarlo avant garde, o puedes llamarlo como quieras. Con esa mirada, que la tomo en cuenta y la analizo; la platicamos aquí y estamos atrasados. Ese es un punto de vista, que tiene como valor el reto, la provocación. Por ejemplo, Koolhaas es un provocador. Eso tiene valor, que te provoquen.

Y luego está la otra, lo que traemos dentro, porque estamos evolucionando. Con esa me siento muy tranquilo. Muy tranquilo porque, no quiero que suene a falsa modestia ni a soberbia, pero creo que lo estamos haciendo bien, que estamos haciendo buenas obras. Lo que me tranquiliza es que cada vez más nos dan reconocimiento fuera de México. Adentro de México y curiosamente en España tenemos enemigos acérrimos, entre profesionistas, editores de revistas. Nos tienen tachados. Le dije a uno de ellos: hazme un favor, ya no hables de mí. 

Me estás dando mucha publicidad.

Pero fuera de México, es muy curioso, cada vez nos piden mas trabajo. Si estamos tan atrasados, ¿por qué nos piden cada vez mas trabajo? Fíjate, estamos haciendo unos proyectos en Catar. Es una universidad. Le llaman Ciudad del Saber. La segunda esposa del Emir se fue a viajar por todo el mundo para escoger universidades que le ayuden a realizar los planes de estudios. A escoger arquitectos. Le pidió a Isozaki que le hiciera el plan maestro. Después nos escogió a nosotros. Ya vamos en el cuarto edificio. ¿Pues no que estamos muy mal? ¿Qué nos vio esa señora?

El jueves en la noche me voy a Grecia. Quieren que hagamos una casa en Grecia. No debemos de estar tan mal. Muchas veces esa agresividad y esa critica te preocupa por que esta muy bien manejada. Te hacen pensar, preguntarte. Koolhaas. Todo éste movimiento de minimalismo. Dicen que están avanzados pero están haciendo lo mismo de Mies van der Rohe, vete a los cincuentas. Que no tiene nada de malo, pero que digan que todo lo demás es retrograda… ¿Teodoro González de León? Dicen: Huyyy, está pasadísimo. Te preocupa y te hace pensar que tal vez estoy mal, estoy atrasado.

Internamente estoy me satisfecho. Me ayudó mucho también la entrada de mi hijo. Por que con todo cariño me cuestionó muchas cosas. Cosas tan simples como: ¿oye, qué tienen de malo los muros curvos?… No, no tienen nada de malo… ¿No que Neimeyer es una fiera…

Entonces te das cuenta de que en veces exageras la idea de tener tu estilo. Yo afortunadamente ya lo logré superar. Y no te preocupes de tener un estilo, el mejor ejemplo es Louis Kahn. Una de las razones de que lo admiremos tanto es que nunca tuvo un estilo. Usa el concreto, usaba tabique. Curvas, rectas, lo que quieras. Eso me trajo mucha frescura.

Al mismo tiempo, no debes, no puedes tratar de ser genio. El pretender decir yo voy ser el arquitecto del siglo XXI… No puedes inventar una arquitectura cada fin de semana. Además, ¿para qué? Es el seguir trabajando, el seguir puliendo. Tú como persona tienes una forma de caminar, de hablar, de mirar y eso va a ser toda tu vida. Tienes que evolucionar. En diez años vas a ser una persona diferente, pero eres la misma persona al mismo tiempo. Y vas cambiando de cara, de figura. Pero sigues siendo el mismo. Una vez escribí una frase: No hay cosa más bonita que un muro chorreado, un árbol torcido y un viejo arrugado. Porque vas evolucionando. Yo creo que el secreto está en que esa evolución se haga y que sigas abierto a las ideas y hagas cosas diferentes. Pero sigues siendo el mismo. No puedes decir: ahora me vuelvo high-tech y pasado mañana hago tradicionalismo. Es lo admirable de Louis Kahn, tú sigues viendo detrás de eso a la misma persona. Hay un pensamiento muy consistente entre India y el Salk y no se parecen nada. Eso a mi modo de ver es lo que hay que hacer en la vida. Es lo que estoy tratando de hacer.

¿Que si me encantan los muros? Sí me encantan y no tengo por qué dejarlos porque los muros ya pasaron de moda. El juego de la luz. Lo que a veces exageran como personalidad principal, el color. Dicen: Legorreta es el que pinta los muros de colores… Va más allá. La vida con el color la traigo dentro, me gusta. La luz de México lo permite, la cultura. ¿Por qué lo he de abandonar?… De repente hemos hecho casas blancas. ¿Qué, ya claudicaste? ¡No! Salio blanca, ¡Qué importa!

Poco a poco hay que irse quitando esa preocupación de tantos complejos. Tengo que tener un estilo o tengo que ser de punta. ¿Qué cosa es arquitectura de punta? Toda la arquitectura de punta que tuvimos hace diez años es obsoleta. Llegan los clientes y dicen: quiero una casa minimalista. ¿Y qué es minimalista señora?… No te saben decir.

Esta bien por que tiene que ser una mezcla de todo esto. Esta bien ir adelante pero por una razón.

Me refresca mucho tener la organización de mi hijo, tenerlo de socio. Me ha despertado una grande ilusión porque mis maestros, todos desaparecieron. Villagrán, Pani, Del Moral. Todos esos grandes arquitectos. Mi ilusión ahora, además de estar proyectando, es pasarles todo a los jóvenes del despacho. Todo eso me ha dado una vitalidad adicional.

¿Cómo ve a los arquitectos de Latinoamérica?

A Latinoamérica no se le reconoce. Yo creo que en Latinoamérica hay arquitectos excelentes, mucho mejores que los que andan ahí en todas las revistas. Para mí Rogelio Salmona es un arquitecto sensacional. No se diga Oscar Niemeyer, Mendes da Rocha. Hay muchísimos. Estamos perdidos. Pero además, qué bueno. Si lo vemos por el otro lado, una vez que digieres eso, haces mucho mejor trabajo. Cuando no proyectas para retratar, sino para resolver problemas, haces mucho mejor trabajo.

No figuran los arquitectos latinoamericanos en el panorama internacional ¿por no estar buscando la moda?

Porque no tenemos lana. No hay nada mejor que el ingenio de la pobreza. En parte porque no tenemos y en parte por que no queremos. Yo veo en Latinoamérica una posibilidad. A mi me lo dijo Charles Correa, un gran arquitecto. Yo lo invité a México. Platicando antes de la conferencia llegamos a la conclusión de que era mejor tener una conversación. Usábamos las imágenes como parte de la conversación. Le pregunté: ¿qué opinas del tratado de libre comercio?

Me dice: Mira, van a pasar unos años con problemas económicos pero desde el punto de vista cultural ese tratado de libre comercio es equivalente a meter a una misma jaula dos pajaritos y un león. Ustedes tienen oportunidad y la obligación de volverse en los líderes culturales de América del norte.

¡Qué visión!… Y caray, ves a Niemeyer, sigue haciendo cosas impresionantes. Volví a Brasilia y la vi mucho mejor que cuando empezó, con todos los problemas de las favelas… ¡pero tiene unas cosas! el Palacio de Congresos…

¿Le pasa que un cliente le pide una casa en su estilo y de color naranja, como si los proyectos fueran una franquicia?

Lo que hacemos de primera es ver si nos llevamos con un cliente. Lo que hemos encontrado es que la mayoría de las veces es así. Aquí es raro que llegue un cliente y te diga: quiero una casa francesa. En general llega la gente y te dice: quiero una casa amarilla, aquí esta el color. Te llegan con el cartoncito amarillo y primero tienes que abrir la puerta y decirle: ¿Qué pasa si no es amarilla? Ver que te manda decir con: Me encantó esta chimenea. A lo mejor lo que le encantó fue el ambiente del cuarto. Empiezas a platicar con ellos. Debes de entender y tú puedes influenciarlos y ellos pueden influenciarte. El secreto es que llegues a una solución de común acuerdo. Te puedo decir que si le trabajas suficiente, yo creo que el 90% de las veces llegas a un común acuerdo. Algunos clientes me dicen: teníamos pánico de venirte a ver por que mucha gente dice que eres un tipo muy difícil, que tú no aceptabas ideas y eres rebuena gente… No es que sea buena gente, es que abro la puerta y le trabajo. Vamos al ejemplo de la casa amarilla. Vamos a chambearle a ver si puede ser amarilla, pero vamos a chambearle bien.

Y funciona en soluciones mas profundas. En Catar, con unos ingleses que son los que ven el proyecto, te piden tres soluciones. ¡No tengo que presentar tres, si yo sé cual es la buena! Un día le digo a Victor: ¿por qué no nos metemos en serio a hacer tres opciones? Y que sí salen. Y aprendes de una y de otra. Al final seleccionaron la que nosotros recomendábamos pero con mucha aportación de las otras. No siempre el primer croquis es el bueno. Entonces es bueno abrir la puerta con uno también.

En sus proyectos ¿Cómo se origina la selección de colores? ¿En qué etapa del proceso?

Es puramente emocional. No he encontrado proceso intelectual. A mi me pasa. De repente cuando estoy proyectando digo, esto podría ser rojo. A veces. A veces no sale el color. Trabajamos mucho en maquetas. En la computadora. En veces sale durante la obra. Pero siempre en todos los casos es una reacción emotiva. Mas que decir vamos hacer un esquema de colores para ver cual va a ser la paleta.

¿Cómo definiría su arquitectura, cuando piensa en el estilo?

Si le quieres poner un titulo, y quieren llamarla mexicana, bueno ¿mexicana de donde? De Chihuahua, de México, de Cancún… Es más que nada emocional, apasionada y romántica. Para mi esas tres condiciones son fundamentales. Esa es la base de lo que hago.

 

 

Sir James Dyson / Failure doesn’t suck

By: Chuck Salter, May 1, 2007, for Fast Company

You once described the inventor’s life as “one of failure.” How so?
I made 5,127 prototypes of my vacuum before I got it right. There were 5,126 failures. But I learned from each one. That’s how I came up with a solution. So I don’t mind failure. I’ve always thought that schoolchildren should be marked by the number of failures they’ve had. The child who tries strange things and experiences lots of failures to get there is probably more creative.

Not all failures lead to solutions, though. How do you fail constructively?
We’re taught to do things the right way. But if you want to discover something that other people haven’t, you need to do things the wrong way. Initiate a failure by doing something that’s very silly, unthinkable, naughty, dangerous. Watching why that fails can take you on a completely different path. It’s exciting, actually. To me, solving problems is a bit like a drug. You’re on it, and you can’t get off. I spent seven years on our washing machine [which has two drums, instead of one].

Autorretrato sin ver / No look portrait.

Autodesign: fly repeller / espanta moscas

Puntos para una arquitectura contemporánea

1. Proyectos de colaboración, abiertos. El arquitecto como una fuente open source. 

2. Obras participativas, no contemplativas. Dinámicos.

3. De revalorización, del medio ambiente, del entorno, de la mano de obra, hecho a mano.

4. De tecnología y tectónica actual. 

5. De posturas y de conceptos, que desaparezcan. Mímesis. 

6. De arquitectura política e interiores urbanos.

7. De arquitectura humana.

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Points for a contemporary architecture:

1. Open collaborative efforts. The architect as an open-source. 

2. Participation over contemplative use. Dynamic. 

3. Revalidates the enviroment, the site, the craft of the handmade.

4. Contemporary technologies and tectonics. 

5. Of statements and concepts that can eventually, disappear.

6. Politic architecture and interior urbanism. 

7. An more human architecture.

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